Todo lo que aprendí interpretando



Hace tiempo que quería ayudar, quería contribuir a que este mundo fuera un poquito mejor, y no terminaba de encontrar la forma, no por falta de opciones, más bien todo lo contrario, pero no tenía tiempo para voluntariados- no todo el que quería tener- hasta que un día tomé la decisión de buscar una ONG con la que poder colaborar.

Me importaba el tema de la guerra y los refugiados, siempre me ha importado, así que tomé ese camino, y me puse en contacto con todas las ONG que conocía, y dediqué mañanas enteras a buscar y contactar a otras nuevas, pero no hubo suerte, en aquel entonces a finales del 2013, el tema de los refugiados no se había convertido aún en un “problema europeo”, y por lo tanto las necesidades de la atención que se prestaba a los refugiados de habla árabe estaban cubiertas, y dado que es ese el ámbito en el que yo puedo ayudar, me iba quedando sin opciones, ya que todos me decían que para ayudar sólo podía hacerlo en las zonas de conflicto o en los campos de refugiados fronterizos.

Cuando ya me había dado por vencida, una tarde lluviosa de invierno recibo una llamada, me cuentan que necesitan ayuda con las traducciones de árabe, y me preguntan si me interesa… ¡Pues claro! Pensé, y me puse manos a la obra, empecé a investigar, a refrescar mi lenguaje y a preparar los temas de los que probablemente se hablaría en las citas.

Reconozco que a ratos me daban ataques de pánico, pues aunque se puede decir que he realizado interpretaciones toda mi vida (ya os contaré como empecé con apenas 7 años), pero en realidad y como profesión solo me he dedicado a la traducción, y cuando pensaba en lo importante que iba a ser mi labor, lo delicada que era cada palabra y lo que podía significar en la vida de la persona que tenía en frente, me echaba a temblar.

Aún recuerdo mi primera interpretación en un centro de acogida, y debo admitir que gracias a los trabajadores todo fluyó- y fluye- con enorme naturalidad, ellos me ayudaron, me explicaron lo que no comprendía, y me enseñaron que con paciencia, calma y una sonrisa en la cara se puede salir adelante.

Pero también debo admitir que todo lo que imaginé sobre esta labor se queda corto, pues poco a poco fui adentrándome en este mundo, y la novata que aquel día no sabía prácticamente nada de todo el trabajo que hay detrás de los centros de acogida y los equipos de apoyo, de todo el sufrimiento que puede haber tras una sonrisa nerviosa de un refugiado, esa novata, fue descubriendo todo un mundo, un mundo que me cambió.

El hecho de estar tan cerca de una persona que ha sufrido tanto, hace que mis preocupaciones mengüen, y a veces hasta desaparezcan, pues me impresiona cuando escucho el relato de la vida de otra persona, su sufrimiento y su dolor con mi propia voz, y pienso “Pero si podía ser yo” y en ese mismo instante me doy cuenta de lo afortunada que soy, y eso en cierto modo hace que me esfuerce más en ayudar a las personas, pues me doy cuenta de que vivo en un mundo enormemente injusto.

Pero por raro que parezca, este trabajo no me exaspera tal como pensaba que me iba a pasar, pues pensé que no soportaría tanto dolor y sufrimiento, pero para mi sorpresa, hoy me ilusiona mucho más que aquel día en el que comencé, y es que a lo largo de este tiempo he aprendido muchas cosas, y he crecido, tanto profesionalmente como personalmente.

Profesionalmente, he aprendido que hay que explorar nuevos caminos sin miedo, que en el peor de los casos se vuelve al punto de partida, y en el mejor es un camino nuevo que puede hacernos muy felices.

En lo personal, que es donde más he crecido, he aprendido a valorar lo que tengo, a esforzarme para lograr lo que quiero, a no ponerme excusas y a ser sincera conmigo misma, porque todo es posible, porque se puede salir a delante por muy complicada que sea la situación, y porque se puede empezar desde cero y superar las expectativas propias, pues lo he visto con mis propios ojos, he visto a personas llegar destrozadas, personas que lo habían perdido todo, incluso la fe y la esperanza y aún así, con mucho esfuerzo y apoyo, han resucitado de sus cenizas como un hermoso Fénix.

Pero no sólo he aprendido de los refugiados, también lo he hecho de los compañeros con los que he trabajado, cada uno con su forma de ser y de trabajar, me ha enseñado algo, y es que me han ofrecido otra forma de ver las cosas, pero lo más importante ha sido verles hacer todo lo posible para ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, esa dedicación y esfuerzo que cada día veo en ellos, me llena de admiración.

Y en especial quiero mencionar las interpretaciones en el servicio de atención psicológica, donde he aprendido una cosa muy importante NO JUZGAR a los demás, que cada uno lleva un peso encima del que no sabemos nada, que cada actitud tiene un porqué, y que debemos aceptar a los demás tal como son y ayudarles en todo lo posible.

Y por todas esas maravillosas lecciones que me habéis enseñado, he querido dejar constancia de ello en mi blog, os mando un abrazo muy fuerte a todos.

Gracias por haber pasado por mi vida.

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